EL SEMÁFORO CAMBIA DE VERDE A AMARILLO PÁLIDO
(Por Alfredo Gutiérrez Girault)
(De Carta Política para Clavedata.com)
En la Argentina de mayo del 2007 no es ninguna novedad que el semáforo de la inflación va pasando, gradualmente, del amarillo al naranja.
La noticia, en cambio es que hay incipientes y dispersos indicios que la actividad económica está pasando del verde al amarillo pálido.
En otras palabras: se está desacelerando muy suavemente el ritmo de crecimiento.
El indicador por excelencia es el Estimador Medio de Actividad Económica que elabora el INDEC y que “anticipa” el comportamiento del PBI.
Ejemplo: el crecimiento entre el primer trimestre del 2007 y el cuarto del 2006 fue de 4,4% a ritmo anual, mientras que entre el cuarto y el tercero del 2006 el crecimiento fue de 8,1%, lo que ilustra la importante desaceleración operada.
La otra comparación es la variación interanual.
En el tercer y cuarto trimestre del 2006 y respecto del mismo período del 2005, la economía creció 8,7% y 8,6% mientras que en el primer trimestre del 2007 lo hizo 8,0%.
La economía argentina se esta pareciendo a un automóvil que venía desplazándose a 160 kilómetros por hora en la segunda mitad del año pasado y repentinamente –ahora- bajó su velocidad a 120 kilómetros.
En eso consiste el cambio de la señal luminosa.
De cualquier manera, y para ser honestos en el razonamiento, crecer a un ritmo anual del 5%/6% no es poca cosa: la tasa de crecimiento natural de largo plazo de Argentina es de 3,5%.
Lo que estamos diciendo es no se puede hablar más –también honestamente- que el país esta creciendo a “tasas chinas”.
En dos sectores cruciales, como la industria y la construcción, se observa desaceleración: la primera creció en el primer cuatrimestre del año a un ritmo anual de 4% y al 6,7% en términos interanuales. La segunda ha tenido un desempeño mediocre.
Es cierto que en el segundo trimestre y hasta agosto, debería gravitar la cosecha gruesa.
Es posible que en los sectores de servicios el dinamismo sea mayor pero en conjunto, las señales de desaceleración de la producción son convergentes.
Los datos de comercio exterior también son ilustrativos.
Por un lado las exportaciones han crecido en el cuatrimestre 10% en valor, pero solo 1% en volumen físico, por lo que su contribución al crecimiento del PBI se ha visto reducida. Por otro lado, las importaciones han aumentado 23% en volumen físico.
En otros términos, la demanda doméstica crece por encima de la oferta doméstica y ello hace que: (a) se reorienten exportaciones al mercado interno y (b) aumenten fuertemente las importaciones. Dicho sea de paso, ello hace que se diluya más rápidamente de lo que parece el superávit de cuenta corriente (aunque el salto en los precios de las exportaciones disimuló la caída).
La desaceleración de la oferta es compatible con señales de agotamiento de la capacidad ociosa y con la existencia de cuellos de botella (por eso el fuerte aumento de insumos importados).
Es precisamente la combinación de presión de demanda y restricción de oferta lo que refuerza las tensiones inflacionarias.
Si la restricción de oferta es operativa, deberíamos ver con el correr del año una desaceleración en el ritmo de crecimiento del empleo y un aumento del requerimiento de capital por cada nuevo puesto de trabajo creado.
Ello nos lleva a la necesidad de aumentar la tasa de inversión lo que, a su turno, implica previsibilidad, rentabilidad y financiamiento.
¿Es el Plan Productivo del gobierno la respuesta indicada?



